Germán Larrán|El traslado de la elefanta y el camino hacia un bio-parque

“Pelusa en la Argentina tiene hoy prioridad uno”

Unos pájaros gritan, los flamencos descansan, los trabajadores juntan hojas, se gritan por momentos, alguien corta con serrucho un palo enorme. El zoológico aún está cerrado cerca del mediodía, y todo es actividad de lunes.

Una mujer pregunta si “el calamar es para mañana”, ante la respuesta afirmativa agrega: “entonces ponelo en las heladeras”. Alguien cuenta que se aprobó la orden de pago y arreglar la camioneta cuesta cerca de nueve mil pesos.

Mientras caminamos varios gatos se esconden debajo de las máquinas. “Los gatos son un problema, hay muchos, y tenemos una inspección de fauna por toxoplasmosis. Hay que agarrarlos”. Algunos son mansos, otros no tanto. En un zoológico, un gato es un problema evidentemente.

Germán Larrán, subsecretario de Gestión Ambiental nos atiende mientras manda innumerables audios de whasapp esperando respuestas rápidas. “Dale que ya son las 11.00 y todavía esto no está arreglado” dice mientras pareciera contar los minutos entre un audio y otro.

“El zoológico es un parque bastante grande, es un jardín botánico y zoológico y además de grandes especies, hay especies muy chiquitas, flamencos, carpinchos, coicos que que requieren mucha atención,  y el caso de los guacamayos, guacamayos verdes, que están en proceso de extinción y que hemos logrado que se reproduzcan. Todos requieren de mucho trabajo” enfatiza. Dos o tres personas aguardan para seguir consultando cosas que parecen todas urgentes.

Larrán es biólogo especialista en zoología. Hasta el llegamos para conversar sobre Pelusa, la elefanta cincuentenaria que tiene en vilo a la región.

“En realidad lo que debemos entender es que el animal empezó a sufrir hace mucho tiempo un problema de deterioro en su salud, en las patas. Producto de la mala adecuación de su recinto ha venido sufriendo mucho, desde que comenzó esta gestión se le empezó a acomodar su habitat, en un elefante los procesos de mejora no son de un día para otro, hemos venido con un proceso de readecuación, el animal empezó a moverse gradualmente, ya sus patas están mucho mejor, responde a los estímulos de mejora, de tratamiento, ahora está mejorando su ánimo, porque no comía, se le atrofiaron los músculos porque no caminaba, ahora está volviendo a caminar, está bastante estimulada, le hemos recreado su ambiente, con árboles, juega, estamos en un proceso de adecuación de bio-parque con animales que no deben estar”.

El traslado del animal de La Plata a Mato Grosso ocupa páginas semanalmente. Se habló inclusive de hacerlo por aire por temor a que su estado de salud no  resistiera un viaje desde Argentina a Brasil.

El lugar al cual prevén trasladar a Pelusa es el primer santuario de elefantes de Latinoamérica. Se llama ‘Global Sanctuary for Elephants’ y se encuentra en Brasil. Su misión es “proteger, rescatar y proporcionar un ambiente natural para elefantes en cautiverio”.

Su traslado por tierra “es una cosa medio inédita” afirma Larrán y agrega, “Pelusa en la Argentina tiene hoy prioridad uno”.

La Municipalidad de La Plata, piensa invertir 12 millones de pesos en la conversión del zoológico a un bio-parque. Por estas horas de la mañana aún no se sienten los aromas de las cientos de especies arbóreas que conforman el predio en pleno corazón del bosque, espectáculo de sentidos que aflora por la tarde, cuando el zoo comienza a cerrar sus puertas.

Larrán nos cuenta que el Municipio “ha tomado tanto la creación del bioparque como el cuidado de Pelusa como una cuestión prioritaria,  de Estado. Queremos trasladarla en una caja con la posibilidad de que pueda descansar y liberarse, lleva todo un proceso.  Primero el acostumbramiento a la caja, después las cuestiones sanitarias, llevar un animal de un país a otro no es muy simple, SENASA a elaborado todo un protocolo, una serie de vacunas, de profilaxis, de permisos, inclusive su traslado entre provincias, todo lleva un proceso y así y todo para estar bien precavidos hemos tomado contacto con la facultad de veterinaria, con el Consejo de Bienestar Animal para que nos informen ellos desde el punto de vista científico, cómo ven el estado del animal y si es factible su salida”.

“La verdad es que es una transformación muy grande” dice,  sobre la inversión necesaria para el cambio de paradigma que el proyecto de bioparque amerita: “ampliar el recinto de Pelusa para que mejore, ya hablamos de dos millones y medio de pesos de inversión de la municipalidad y hay otro proceso de adecuación de los chimpancés, de las voladoras de los guacamayos,  que obligan a toda una inversión y aprobación del Concejo Deliberante que tiene que aprobar ese presupuesto. Y hay muchas otras cosas que no requieren dinero, sino inteligencia y trabajo. Nosotros estamos pensando un bio- parque de reproducción, rescate y educativo, la visión nuestra del zoológico como estábamos antes se va a ir perdiendo. Vamos a ir por etapas, la municipalidad está mejorando todo lo que es la jaula de inmersión, que uno entra y convive con los guacamayos, eso ya está puesto en práctica para repararse y lleva su inversión y su dinero, y la Municipalidad ya está poniendo dinero”.

El próximo 28 de junio, a partir de las 13, proteccionistas platenses se movilizarán hasta las puertas de la Municipalidad para exigir que se concrete el traslado de la elefanta.  Al mismo tiempo, viralizan una petición realizada en change.org, una plataforma para juntar firmas online, en la que reclaman que se agilicen las tratativas para enviar al animal al santuario. Los proteccionistas expresan: “Sr. intendente Julio Garro, explique los motivos que hacen que Pelusa no esté siendo trasladada a Brasil, donde la están esperando”. Al mismo tiempo, denuncian: “50 años de encierro, libre la queremos”.

“La Municipalidad de La Plata dice que aún falta la sanción de la ordenanza en el Concejo Deliberante para habilitar su traslado y transformar el Jardín Zoológico local en un Bio-Parque. Pero el tiempo de los humanos no es el tiempo que tiene Pelusa” enfatizan.

Mientras tanto, Pelusa es fotografiada incesantemente por todos los que pasamos por el zoológico. A modo de despedida, de recuerdo y de prueba empírica del paso del tiempo.