Recuerdo y archivo del artista platense
Sebastian Ángel Rulli: El gigante Saturno
(17-07-2020)
Un año se cumple del día que la ciudad de La Plata despertó con un artista menos, de esos jóvenes que conmovían con su voz en canciones despojadas y también en canto lírico, en experimentaciones electroacústicas ambientales o en la banda a lo beatle Saturno, música actual y del futuro que queda en la memoria desde el programa Tren Para Pocos y revisamos al aire de Radio Estación Sur:

«La canción es hermosa, pero la situación del bar, o gente que va a comer y tomar un copete; si yo quiero mostrar eso que se generaba en mi y la gente no está predispuesta, puedo decir que no me importa, pero no me ayuda a desarrollar mi arte. Eso tiene un techo, yo quiero algo que me desarrolle intelectualmente, espiritualmente, técnicamente. La performance también, es algo que se hace desde los 60´, está bien. Hay que saber decir que si algo no me gusta, me corro. Pero hay que generar un contexto a la sensibilidad, usar los recursos, armar algo personal».
Además de su propia voz, compartimos una crónica de uno de sus recitales, a 11 años de la edición del disco «El Museo del dolor», en el Centro Cultural Favero. Publicado en su momento en la revista cultural De Garage, también sirve para recordar los sentidos que supo enfrentar el artista, en palabras de Seba Lino:
«En el pico paranoico por la gripe y con la nueva moda de usar alcohol en gel, las calles del viernes 2 de julio del 2009 a la noche se veían temerosas y pocos lugares quedaban para quien quería seguir disfrutando de la vida social en La Plata.
El Centro Cultural Favero tenía una propuesta de nombre bastante oportuno: “El museo del dolor”, nuevo disco presentado por Saturno, alias de Sebastián Ángel Rulli, disco de libre descarga.
Desde temprano el aire (si, respirábamos) se sentía amistoso y relajado, con la gente de Falkland Sound, Pettit Brulee, La Lengua Estrella y The Hojas Secas rondando por ahí (ya que tocaban luego). Incluso Saturno, en la prueba de sonido cantaba canciones de estos últimos y de Lennon, jugando e improvisando como es común en sus shows, para sacar la poca tensión que pudiera quedar en algún hipocondríaco.
Cerca de la 1 a.m. se advirtió el comienzo y un silencio misterioso envolvió el lugar: un telón dividía la entrada del salón y las 40/50 personas presentes se amontonaron en ese espacio de 7×3 tratando de adivinar si podían pasar. Espiando tras la cortina se vio una escenografía en el lugar donde comúnmente se ubicaría la gente.
Finalmente apareció Saturno, contando que el disco nuevo iba a ser presentado, pero no interpretado. Nos invitaba a todos a escuchar su trabajo tal cual fue grabado, al ser una obra conceptual cuyos efectos y detalles son esenciales y todo se completaría allí frente a nosotros con una interpretación teatral de parte de Alejandro Alvarez, Vito Parada y Nina Giovanoni.
Con todos sentados en el piso y las notas de “El museô del dôlôr” inundando el aire, un hombre apareció. Su contextura recordaba a las antiguas estatuas griegas de Victor Hugo o los dibujos del dios Saturno, con frondosa barba blanca y una mirada solemne pero lejana, y era acompañado por dos jóvenes mujeres que lo dejaron desnudo entre el público.
Algunos murmullos se quejaban sobre lo innecesario de ver un hombre mayor desnudo, pero eso era lo de menos: la desnudez era en esencia, lejano de su cuerpo, perdido en un viaje interno, doloroso, indescifrable salvo por los ecos y confesiones que llegaban desde Saturno.
“No pude olvidar… no pude olvidar” decía desde las primeras frases mientras las melodías transcurrían recordando a Almendra, fuerte y reflexivo, buscando atravesar lo que lo atormenta, dejarlo todo en el museô, para seguir. Para ello, el hombre hizo nevar una casa de juguete, intentó tocar un instrumento inútil pero luminoso, adornó a su guía (la mujer) con brillantina, pintó, descansó viendo pintura chorreando en espiral y al final… el disco termina. La historia, ¿quién sabe?
Luego, con los cerebros de los presentes exprimiendo la experiencia vivida, comenzó la segunda etapa donde Saturno, en cuerpo y sonido, acompañado por Juan Simon en teclados y guitarras, canta canciones que conmueven tal como lo haría un juglar tocando una lira en este siglo, haciendo olvidar toda la paranoia y (también por supuesto) enfermedad del mundo.
Canciones como “completo de nuevo” o “Cuando un robot llora se convierte en humano” definen a Saturno como un cantautor intenso y mantrico, capaz de ver lo más noble de ese mundo y compartir con nosotros sin pudor las lecciones que aprende.
Eso también se ve al entregar este álbum donde se muestran años de dôlôr real, canciones que bien podría haber dejado en el olvido, pero que por el contrario afronta sin disimulo tal como hizo Lennon con “Plastic Ono Band”. Canciones que invitan a dejar nuestro propio dolor en una vitrina y continuar, sintiéndonos completos de nuevo, completos desde antes».
(15-07-2009)





