Miriam Lewin autora de Putas y Guerrilleras
Miriam Lewin: «En ese momento no entendíamos la dimensión moralizadora de la violación»
Miriam Lewin es autora junto a Olga Wornat de «Putas y Guerrilleras», el libro que rescata su historia y de otras mujeres detenidas, secuestradas, torturadas y violadas durante la última dictadura cívico-eclesiástico-militar. Con un prólogo de Rita Segato, a principios de mes largaron la nueva edición del libro, luego de los movimientos #NiUnaMenos, la Ola Verde y el #MiráComoNosPonemos. «Tanto a Olga como a mi este libro nos ayudó a sanar» afirmó.
Los crímenes sexuales de la dictadura fueron silenciados u omitidos por décadas. En 2014, Olga y Miriam editaron la primera versión del libro donde repasaron lo vivido en carne propia, pero también de las que sufrieron el sometimiento con ellas. «Para ellos (los militares) la palabra puta era el peor castigo y guerrillera también, porque era lo peor que podías hacer y más si eras mujer» comentó. «Éramos mujeres contra natura, éramos casi monstruos» remarcó, sin embargo cuando las interrogaban y las conocían, se daban cuenta que no eran monstruos, «pero nos seguían matando igual».
«En su posición patriarcal ellos tendían a desculpabilizarnos,porque habíamos sido engañadas, nos habían lavado la cabeza, porque por supuesto no teníamos capacidad de discernir sino que algún varón nos había arrastrado. Éramos unas tontitas que nos habían arrastrado a la militancia los varones. Nostoras nos habíamos corrido de ese rol de mujer-objeto decorativo y ellos querían moralizarlo, porque como todo violador quieren reencauzar».
Además de las torturas y las violaciones, estas mujeres entrevistadas se llevaron también el estigma luego de sobrevivir a las detenciones: «Mi experiencia de sobreviviente era que si los represores nos decían putas y guerrilleras, las familias de los desaparecidos nos llamban putas y traidoras» comentó Lewin. «Incluso las familias, otra gente, nos estigatizaba porque pensaba que nosotras consentíamos las violaciones».
Durante muchos años no entendieron lo que los torturadores como violaciones: «Entendimos ahora el consentimiento, y aún hoy vas a una comisaría a denunciar una violación y tenés que demostrar que te defendiste«. Y subrayó: «En ese momento nosotras entendíamos que la violación era menos que la tortura pero todavía no entendíamos la dimensión moralizadora de la violación«.





