Juan Ignacio Provendola en Manjares en La Azotea
«El rock evolucionó en su relación con la política de una manera no muy diferente a la que evolucionó la sociedad»
(2/4/2016) Juan Ignacio Provendola, autor del libro «Rockpolitik, 50 años de rock nacional y sus vínculos con el poder político argentino», que traza el recorrido entre el rock y la política en sus 50 años, conversó con Manjares en La Azotea sobre sus motivaciones a la hora de realizar esta investigación, además de hacer un breve racconto de cada década en la que este género y esta ciencia caminaron de la mano. «Rockpolitik fue el trabajo que hice para mi tesis de la Facultad de Periodismo de El Salvador. Me parecía interesante el tema. Fui acumulando mucho material y después intenté editarlo por alguno de los canales convencionales y por suerte todo derivó en la Eudeba, que es la editorial de la UBA», contó y agregó: «Lo propuse a otras editoriales, no a muchas, una es Planeta y otras Ediciones B, pero el trabajo tenía un tono académico bastante pronunciado y a lo mejor el lugar indicado para editarlo era una editorial académica justamente como es la de la UBA».
Provendola expresó que su máximo interés a la hora de este tema se dio cuando vio que el rock empezaba a ser analizado en ámbitos académicos, sobre todo en carreras que tienen que ver con las ciencias sociales: «Se tomaba al rock como objeto de estudio y me parecía interesante ese quiebre. Ya no es analizado como un mero movimiento artístico, sino como un proceso cultural que está en una sociedad determinada», señaló.
«Lo más interesante que me dejó este trabajo de investigación fue interpretar que en definitiva el rock evolucionó en su relación con la política de una manera no muy diferente a la que evolucionó la sociedad».
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Si se toma el año 1966 como surgimiento del género, es decir durante la dictadura de Juan Carlos Onganía y se piensa el mismo hasta el año 1983, exceptuando un breve periodo peronista, todos fueron gobiernos anticonstitucionales. En ese sentido, el autor mencionó que el rock labró en una tierra donde la política era una actividad prohibida. Sobre eso, destacó como interesante, que a partir del año 1983, el rock y algunos músicos en particular, fueron iniciando otro proceso de acercamiento para potenciar sus mensajes a través de la política, teniendo a la misma como una actividad que conforme fue pasando la democracia, se volvió más apetecible para la sociedad y destacó: «Hoy mucha gente discute de política en las mesas de sus casas y eso es algo que hace 15 años no sucedía».
La política siempre se acercó al rock porque era un canal de proyección hacia un electorado juvenil y eso fue lo que ocurrió en el año 1973 cuando ganó Cámpora y un sector de la juventud peronista convocó a los artistas de rock del momento: Sui Generis, Pappo, Pescado Rabioso, Billy Bond y La Pesada, Lito Nebbia para un festival. Provendola, explicó que de ahí en más eso se hizo siempre, con el fin de colocar alguna bandera y montarla adentro del rock y que en los últimos años hubo acercamientos vinculados más a cuestión personal y de gustos con ciertos políticos, pero teniendo presencia la cuestión biológica: «Hoy la generación de políticos es prácticamente la generación de rock: tienen la misma edad, no como ocurrió con Alfonsín o con Menem que eran los padres de quienes escuchaban rock. Hoy la generación etaria que representa a Macri, es una generación que se crió con el rock muy cerca».
«En los años posteriores al ’83, el rock pareciera perder fuerza política en su mensaje, pero como dijo Sergio Pujol: ‘A lo mejor el rock dejó de ser un espacio de resistencia y pasó a ser un espacio de refugio’. Creo que a lo mejor en esa época no tenía sentido que el rock se politizara porque eso iba por otro canal, el institucional», analizó y completó: «El rock complementó esa especie de reapertura moral post dictadura con otra narrativa que no era política en los términos de manual, pero que si lo era en términos de rock. El género configura una serie de comportamientos y análisis políticos a la hora de hacer una obra, por más que el artista desdeñe del discurso más ideologizado, pero el rock de por sí es ideología».
La llegada de los ’90 trajo una crisis de representatividad muy fuerte y en ese espacio vacío muchos artistas se convirtieron en algo más que eso, pasaron a ser símbolos culturales. Provendola no dudó en destacar la figura de El Indio Solari como el caso más emblemático, pero también a otras bandas que estaban más cerca a nivel generacional de los jóvenes que consumían esa música durante esa década: «En esa época aparecieron Los Piojos y La Renga, bandas muy populares, cada una con una forma diferente de expresar su dimensión política. La Renga fue quizás un poco más literal, porque Chizzo es un tipo muy interesado, como muchos de su generación».
«Hay que ver que en los ’90 tuvimos crisis de representatividad, pero es cuando más penetra socialmente la figura del Che Guevara como valor de resistencia y eso es a través del rock. Empieza a aparecer en mochilas, remeras y banderas, en la década del ’80 eso no pasaba y particularmente lo moviliza mucho el rock y determinados personajes. El público pide que alguien le baje un mensaje».
Sobre el gobierno kirchnerista, el autor dijo que El Indio dejó una serie de manifestaciones políticas que fueron inéditas y en las que dejó bien en claro su postura, siendo consciente de que sus entrevistas son divulgadas y leídas por mucha gente. En ese sentido, dijo que en los 12 años de dicho gobierno pasaron dos cosas: En primer lugar, a poco de asumir, Néstor Kirchner comenzó un ciclo de música en el Salón Blanco de la Casa Rosada, donde pasaron rockeros históricos como Spinetta y Charly García.
«Por un lado que vemos un gobierno con una sensibilidad cercana al rock, pero en simultáneo se te mete Cromañon, donde el rock es frizado y demonizado por cierto desentendimiento que tuvo el estado en sus responsabilidades. Cromañon sucedió por una bengala, por Callejeros, por Chabán, pero también por una serie de irregularidades de carácter institucional que propiciaron que eso ocurra, sin embargo al momento de la tragedia, el estado trata de correrse del foco de conflicto. Uno de los casos fue el juicio político de Ibarra, que fue como una especie de chivo expiatorio que encontró el poder político para decir que hay un culpable y se lo señala», expresó.
Esta actitud fue señalada por Provendola; por un lado se ve que el estado se corre de la responsabilidad y entrega al rock como responsable, pero al poco tiempo surge la figura del estado como productor de shows y «empezamos a ver presentaciones de artistas de todo tipo auspiciados por un Intendente o Gobernador o por Nación». «En esa época, el estado asfixio al circuito con la clausura de lugares y eso hizo que se cortara un ciclo madurativo de bandas, sobreviviendo aquellas que podían llevar mucha gente», analizó.
En ese contexto, el surgimiento de la Unión de Músicos Independientes (UMI), es considerado por Provendola como un proceso natural y que «más que de resistencia, fue concebido como un lugar de reclamo». Desde su punto de vista, el autor expresó que les faltó cierta sensibilidad para entender ciertas cuestiones: «Comienzan con la UMI, después empiezan a tener conversaciones con intermediarios de Kirchner, cuando este era presidente y todo deriva en un Proyecto de Ley que toma Eric Calcagno, quien era senador en ese momento y se empezó a tratar».
«En la UMI hicieron un poyecto de ley muy bueno, donde se planteó crear el Instituto de la Música, que un porcentaje de difusión de los medios esté destinado a artistas nacionales y otras cosas más, pero me parece que ellos se perdieron un poco en la nebulosa de la rosca política. El proyecto se ingresó al Senado pero no terminó todo el recorrido complejo administrativo legislativo que tenía que hacer, perdió estado parlamentario y se desvaneció. Si bien no prosperó, genera un antecedente. Son rockeros involucrándose orgánicamente en la política, algo que antes no pasaba», concluyó.
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