Análisis sobre la quita de restricciones a la importación de libros
“Si se abre el mercado es imposible que no gane el más grande”
(27/01/16) El 6 de enero, los Ministros de Cultura, Pablo Avelluto, y Producción, Francisco Cabrera, anunciaron el levantamiento de las restricciones a la importación de libros producidos en el exterior.
La resolución, publicada en el Boletín Oficial, se escuda en el concepto de la bibliodiversidad, es decir, que los lectores puedan encontrar más variedad de títulos a menor precio. Sin embargo, las editoriales independientes ven en este acto un nuevo obstáculo para competir en igualdad de condiciones con los grandes conglomerados editoriales.
Al respecto, Un Amigo con Pileta conversó con Pablo González, integrante de los proyectos editoriales Pixel y Malisia, quien recordó que la medida fue implementada en el 2012 por el entonces secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, bajo el argumento de que había plomo en tinta en las ediciones que se producían fuera del país.
“Desde el 2012 hasta enero de este año fue una posibilidad para que crezca el mercado interno de la producción de libros”, afirmó Pablo González y explicó que “no había una imposibilidad, uno podía seguir importando, pero los precios eran más altos que los de la producción nacional”.
En este sentido consederó que “esa restricción favoreció el crecimiento de la industria gráfica interna, y permitió que uno compitiera con el libro producido afuera de otra manera siendo una editorial pequeña”.
Según los índices de producción publicados por la Cámara Argentina del Libro, en 2015 se publicaron 26.000 títulos de los cuales 3.000 fueron editados por editoriales independientes. Además se observó un crecimiento del 10% en comparación con lo producido durante 2014.
“Había mejores condiciones para la competitividad, pero aún así, en ese momento -y ahora aún más-, era muy grande la diferencia entre lo que puede producir una editorial independiente, con una editorial como Random House Mondadori o Bertelsmann, o los grande conglomerados internacionales; y lo mismo con las librerías independientes que tienen que competir con cadenas con Ateneo o Yenni”, reflexionó el integrante de Pixel y Malisia.
En relación a esto detalló: “Si en Argentina producir un libro de 200 páginas cuesta 45 pesos por ejemplar, y a ellos les cuesta producirlo en China 95 centavos de dólar, ¿cómo compite un libro de una editorial independiente con los demás?” y senteció: “Si uno abre el mercado es imposible que no gane el más grande”.
Por otro lado, destacó algunas políticas de promoción de edición nacional que se realizaron en los últimos años como las rondas de negocios en el encuentro MICA (Mercado de Industrias Culturales); el apoyo a la compra de derechos y traducciones, y la generación de espacios de venta de libro independiente. Aunque fue crítico en relación al aumento los precios a nivel nacional, y el hecho de que “el argumento con el que se creó la restricción, hoy le permite al macrismo derogarla, luego de hacer estudios en libros y no encontrar plomo en tinta”.
Además señaló que en La Plata hay 17 editoriales independientes y destacó la importancia de la articulación entre ellas. Como estrategias posibles del sector enumeró: “Construir ferias, promover libros de manera, viajar juntos al interior a vender libros juntos para reducir gastos, hacer compras de papel, negociar con las imprentas (todo de manera conjunta). Y buscar una discusión con nuestro lector. Tratar de mantenerlo con nosotros. Dar esta discusión, que es cada vez más política, sobre el mercado editorial. Hay que poder discutir con nuestro público por qué es importante consumir producción local; qué tipo de productos editamos, qué tipo de discusión estamos dando a través de nuestros catálogos”.
Por último contó que “Graciela Rosenberg, presidenta de la Cámara Argentina del Libro, adoptó el mismo discurso que el Pro, hablando de la bibliodiversidad. Si la Cámara de Libro, que sería el órgano que a nivel gremial te representa como Industria, se para en un lugar en el que le parece fantástico que conglomerados metan cada vez más libros que producen en el exterior, el escenario es de soledad”. Por eso resaltó la importancia de “articular entre editoriales, con otros colectivos, centros culturales, etc”.
“Construir ese campo de alianzas que nos permita sostener nuestra producción y pensar alternativas para generar un comercio justo y mantener esos laburos a nivel cultural y productivo”, concluyó Pablo González.
Un Amigo con Pileta, de lunes a viernes de 10 a 12 hs.





